Cómo se hace la salsa blanca con crema de leche

Imagínate preparando una comida espectacular y, de repente, piensas en darle un toque más cremoso. La solución perfecta: una salsa blanca con crema de leche. Este tipo de salsa es súper versátil, ideal para acompañar pastas, carnes, vegetales, ¡lo que se te ocurra! Además, es tan sencilla de hacer que te preguntarás por qué no la has hecho antes. En este artículo te voy a enseñar paso a paso cómo lograr esa textura suave y ese sabor único que hará que tus platos brillen. No necesitas ser un experto para conseguir una salsa que impresione a todos. ¿Listo para darle ese toque especial a tu cocina? Vamos allá.
El origen de la salsa bechamel
La salsa bechamel, también conocida como salsa blanca, tiene una historia que se remonta a la cocina francesa del siglo XVII. Aunque hay varias teorías sobre su origen, la más aceptada es que fue creada por el chef francés François Pierre de la Varenne, quien trabajaba en la corte de Luis XIV. Este chef escribió el libro "Le Cuisinier François", donde la bechamel se menciona por primera vez.
El nombre de la salsa, sin embargo, se le atribuye a Louis de Béchameil, un mayordomo de la corte de Luis XIV. Se dice que Béchameil perfeccionó una receta más antigua de una salsa a base de crema y, en su honor, la salsa pasó a llamarse "bechamel".
Lo curioso es que la bechamel se hizo tan popular que se convirtió en una de las salsas madre de la cocina francesa. A partir de ella, se pueden hacer muchas otras salsas como la Mornay o la Nantua.
Así que, cuando prepares tu salsa blanca con crema de leche, estás siguiendo una tradición culinaria de varios siglos.
¿Cuánto dura la salsa blanca en la heladera?
La salsa blanca con crema de leche, cuando se guarda bien, puede durar entre 3 a 5 días en la heladera. Aquí van unos consejos para que te dure lo máximo posible:
- Usa un recipiente hermético. Así evitas que absorba olores de otros alimentos.
- Déjala enfriar a temperatura ambiente antes de meterla en la heladera. Si la metes caliente, puede formar condensación y eso afecta su textura.
- No la dejes en la puerta del frigo. Ahí la temperatura varía más. Mejor ponla en una de las repisas internas.
Si ves que la salsa cambia de color, huele raro o la textura se vuelve grumosa, mejor no te arriesgues y tírala.
Por último, si te sobra mucha, siempre puedes congelarla. Eso sí, ten en cuenta que la textura puede cambiar un poco al descongelarla. Pero vamos, aún te servirá para un gratinado o una receta que la requiera caliente.
¡A disfrutar de tu salsa blanca sin preocupaciones!
Espero que disfrutes haciendo y saboreando tu propia salsa blanca. ¡A cocinar y buen provecho!
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